Entre boletos de Metro y malabares

Ender García

Foto: Katherine Denis

Su rutina se aleja de la de una persona común. Con 19 años se dedica a crear piezas de arte con tickets de tren y desde los 9 años lanza pelotas al aire para darle otro sentido a su vida

Abril Mejías Romhany

Cuando camina por la Universidad Católica Andrés Bello, tal vez luego de salir de algún laboratorio de Ingeniería, las personas lo distinguen por un pelo revoltoso, a veces un disfraz y unos objetos que están más en el aire que reposando sobre sus manos. Se saluda con más personas que cualquier representante estudiantil. La gente casi siempre le pregunta por sus piezas o por su malabares, él  nunca deja de contestar con una sonrisa. Es posible que la mayoría de las veces tenga una franela alusiva al Metro de Caracas.

Una conversación con su mejor amigo y unos boletos amarillos sobrando en alguna esquina de su casa fue el primer paso para la creación de Metroarte, la marca no oficial de las piezas que Ender García hace desde más de un año con tickets de Metro y silicón. La primera obra llegó sobre ruedas, en un  Volkswagen escarabajo. El diseño le tomó un mes y 15 días construirlo, con detalles internos como asientos, palanca y freno de mano, con medidas de 31 cm de largo, 14 cm de ancho y 12 cm de alto.

No todos los tickets han salido de la misma esquina de su casa. Cuando terminaba el carro, tuvo que ir a una estación a pedir más. Los trabajadores del Metro de Caracas le hicieron firmar muchos papeles por miedo a que se pusiera a venderlos en la calle como nuevos. Ese día le dieron 17 mil y pudo terminar el automóvil con el que todos sus conocidos sueñan.

Un Pacman, figuras de Tetris, corazones, el conocido muñeco Pikachú (inspirado en el pixel art), micrófonos y una guitarra en tamaño real han sido varias de sus últimas piezas. La acumulación de obras hizo que tomara la decisión de comenzar a vender lo que hacía y a realizar por encargo. “No vendo para lucrarme, lo hago para dejar espacios para las nuevas cosas que haga, comprar la pega y darme unos pocos gustos”, expresa García. El precio depende del tiempo invertido, por ejemplo, un corazón le toma dos días y cuesta 80 bs.

No quiere trabajar solo, le gustaría que un grupo se dedicara con él a realizar esos trabajos para aprovechar de reciclar boletos y además exponerlos en las estaciones. García ya habló con los encargados y le dijeron que para hacer una galería en el Metro tenían que haber mínimo veinte obras. “Reunirlas no es nada fácil”, dijo sobre esto.

Cuando se le pide que le ponga nombre a lo que hace sólo alcanza a decir: “Yo no considero que lo que hago sea arte, porque para eso yo tendría que llamarme artista y eso no es así, no me considero tan importante, sólo soy una persona con mucho tiempo libre y que trabaja mucho. Yo he visto arte de verdad y me apasiona, cosas que sí son arte”. Las personas que han visto lo que hace, discrepan de su visión.

Ender García no siente especial afinidad con el Metro de Caracas, fue el uso continuo y fijo en su día a día lo que le hizo empezar con esta actividad. Piensa que Caracas sería todavía más caótica sin este medio de transporte y afirma que es la sobrepoblación y el comportamiento de la gente, más que el servicio, los problemas del Metro.

“Yo con mis piezas quiero enseñar que hay cosas en la vida que las tomamos tan cotidianamente que en seguida las encajonamos en una idea. En que por ejemplo, el ticket sólo sirve para  poder viajar en el tren, luego lo botas o lo destruyes. El plan es que la gente entienda que los elementos con los que nos relacionamos tienen diferentes alcances, las cosas no están decididas para ejercer una sola función. Hay que conseguir ideas y unirlas con diferentes materiales, para así crear y además, como en este caso, poder reciclar”, dice García.

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Juguetes al aire

A los 9 años comenzó a tirar manzanas al techo y logró, de a poco, empezar a hacer malabares. Hoy en día no se limita a las pelotas y mucho menos a las manzanas, también usa el  diábolo (su esp

ecialidad), mazas, bastones del diablo, entre otros objetos. Hace un poco de todo siempre pensando en que algún día enseñará todo lo que sabe y quiere que sus alumnos tengan una gama de opciones según sus intereses.

Enseñar no es algo que ha pensado con v

aguedad, ya se comunicó con la Dirección de Cultura en la Universidad Católica Andrés Bello para montar su escuela de malabarismo.   Luego, le gustaría que de ella saliera un grupo que tenga presentaciones y pueda mantenerse igual que otras agrupaciones de la UCAB como la de teatro o telas. Ender García quiere que el malabarismo quede como una actividad que los ucabistas tengan siempre como opción, incluso cuando él se gradúe.

“Esta actividad para mí es un ar


te que acá no se aprecia. En Venezuela, de hecho, asocian la idea del malabarista con la indigencia, con la gente que pide en las calles. Me gustaría sacar a las personas de esa idea y llevarlas a una en la que piensen en que es algo increíble, algo que precisa habilidades que no todos pueden tener”, dice García.

Su día a día es distinto al de cualquiera, pero no busca lo extraordinario: “Yo no quiero salirme de la cotidianidad, como muchos me dicen siempre, las cosas que hago son más bien para añadirlas a mi rutina, para hacerla especial y estar feliz”.


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